Durante su proceso de título, el diseñador ideó el Sistema constructivo de violines accesibles y de calidad. Gracias al apoyo de Factoría UDP, dicho proyecto ya cuenta con su patente y en búsqueda de financiamiento para ser desarrollado a gran escala.

 

Santiago Bravo siempre estuvo interesado en la música y en la anatomía de los instrumentos de cuerda. Tocaba algunos instrumentos, le llamaba la atención la luthería y, sobre todo, la fabricación de guitarras acústicas, pero nunca se había aventurado con el violín.

 

Sin embargo, a raíz de su proceso de título, este singular instrumento de cuerda frotada se transformó en su principal objeto de estudio. En ese contexto, el estudiante de Diseño Industrial realizó entrevistas y levantó información hasta constatar un problema respecto de la educación musical: la poca accesibilidad que había frente a ciertos instrumentos, entre ellos, el violín.

 

Fue así como ideó “Mínimo: Sistema constructivo de violines accesibles y de calidad”, modelo que, bajo la premisa de retornar a lo básico, busca facilitar el proceso de producción de instrumentos musicales, optimizando los procesos de aprendizaje y estableciendo una mejor relación en términos de calidad y precio, en comparación con los violines comerciales económicos.

 

Bajo este sistema, creó el prototipo “Mínimo violín”, proyecto que, en 2021, fue uno de los ganadores de la convocatoria UDP Inventa, iniciativa impulsada por la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo UDP, mediante Factoría UDP. Gracias a este apoyo, el proyecto obtuvo su patente de invención. Esta es la segunda patente que obtiene la Universidad gracias a las gestiones del equipo de Factoría.

 

En tanto, en 2022, a través de la Convocatoria Factoría Prototipa, “Mínimo” se adjudicó $900.000 para desarrollar nuevos sistemas constructivos de instrumentos de cuerda. Hoy el proyecto se encuentra en plena búsqueda de financiamiento. El objetivo, según comenta Santiago Bravo, es aplicar el sistema constructivo en gran escala para la producción de violines. “Me gustaría que la gente tenga acceso a este violín e, idealmente, algún día ver a una orquesta con este tipo de instrumento”, dice su inventor.

 

¿Cuál es el origen del proyecto?

El proyecto comenzó con la preparación de mi proyecto de título para la carrera de Diseño Industrial. Entonces, cuando debía decidirme por un área, tomé un taller que se llamaba Taller Feliz, cuyo objetivo era trabajar un proyecto que te motivara y que no fuera solo para responder a la Universidad. En el Taller había todo un proceso previo que tenía que ver con mirarse y saber cuáles eran tus intereses. Y, antes de entrar a Diseño, me sentía muy familiarizado con el trabajo de las maderas y, específicamente, el área de la música. Tenía ganas de estudiar luthería, que tiene que ver con el estudio del trabajo manual para hacer instrumentos de cuerda. Pero no pude entrar a esa carrera, porque se impartía en otros países y en Santiago no había nada muy académico en ese sentido. Pero, al momento de llegar a este Taller Feliz, me cuestioné cuáles habían sido las principales razones que me habían llevado a estudiar Diseño. A partir de eso, volví al tema de los instrumentos con los conocimientos que me había dado la carrera en términos de cómo trabajar de manera digital y generar modelos en el computador. Ahí quise aterrizar la idea de diseñar algún tipo de instrumento a partir de las herramientas que había aprendido en la Universidad.

 

¿Frente a qué tipo de problemáticas surgió el proyecto?

Durante la investigación del proyecto realicé entrevistas y comencé a levantar información. Empecé a aterrizar la falta de accesibilidad en diferentes tipos de instrumentos y cuáles eran los que más le interesaba aprender a tocar a la gente, pero que no habían podido hacerlo por un tema económico. A partir de eso salieron varias opciones, por ejemplo, el piano, que estaba en una escala que yo no podía abordar desde mi área. Pero uno de los instrumentos que se repetía era el violín: ahí comencé con esta idea de fabricar un violín y que su proceso fuera lo más simple posible para poder venderlo más barato y que estas personas pudieran acceder a tocar el instrumento.

 

¿En qué consiste este Sistema constructivo de violines accesibles y de calidad?

Es un sistema de partes y piezas simplificado, lo que permite incorporar las piezas del instrumento a un molde. Este molde me permite que las piezas estén en su correcta posición, por lo que puedo asegurarme de que, al momento de sacar las piezas del molde, las dimensiones del violín se respetan. Es una especie de sistematización de piezas y de procesos para fabricar un violín a partir de moldes.

 

Este proceso, ¿qué tan distinto a lo que se realiza en la actualidad? 

Lo que se realiza en la actualidad tiene mucho trabajo manual, a partir del tronco del árbol. Primero se selecciona la madera y luego debe devastarse este tronco, este bloque grande, para llegar a una lámina muy delgada que sería la cubierta del violín. Requiere mucho más conocimiento y trabajo manual versus mi prototipo que puede partir de una plancha plana para, a través del proceso de moldaje, lograr la curvatura que tiene, originalmente, el violín.

 

¿Es más sustentable?

Claro, utiliza menos madera y también se complementa con el uso de accesorios que ya existen. Se aprovecha mejor el material.

 

¿Cómo funciona en términos de sonido? 

En el mercado existen diferentes escalas de calidad del sonido. Hay violines que son fabricados en masa, cuyos materiales vienen desajustados e interfieren en el audio de la madera. Estos violines no son tan potentes. Pero existen otro tipo de violines que son hechos a mano, durante meses o incluso años, y que tienen que ver con el estudio de la madera y el entender el material y qué componentes son los mejores. El sonido de esos instrumentos es algo inalcanzable con el sistema. Pero sí es un buen intermedio. Ofrece una mejor experiencia al momento de interpretar el instrumento.

 

¿Cuál es su público objetivo?

El público específico ha ido cambiando con el tiempo.  Al principio el objetivo era llegar a la mayor cantidad de gente posible, al menor costo, pero en la práctica, es súper difícil intentar competir con el precio que alcanzan los modelos chinos. Entonces, ahora el proyecto está mutando hacia un público que sí dispone de un poco más de ingresos para comprar violines. Mi propuesta busca llegar a la calidad a partir de 200 mil pesos, alcanzando la misma experiencia, sin tener que llegar a pagar este precio excesivo de 400 o 500 mil pesos.

 

¿Cómo te ayudó Factoría UDP en el desarrollo de este proyecto?

El apoyo fue más para una etapa final, cuando participé en un curso que tenía que ver con armar el proyecto de negocio y definir el público específico. Al final me sirvió mucho para ordenar mi proyecto y saber de qué forma continuar. Ahora, me brindaron apoyo para conseguir un fondo de la misma Universidad y me ayudaron mucho con el tema de la patente. Ese apoyo no lo hubiese tenido de otra área.

 

¿Qué expectativas tienes sobre el sistema que ideaste? 

Mi expectativa es lograr esto realmente. No llegar a un prototipo y desecharlo ahí. Todo este tiempo estuve haciendo cosas complementarias, trabajando en talleres de madera e instruyéndome mucho en el manejo técnico de las herramientas que, a veces, son un poco más tecnológicas. El violín es lo que quiero desarrollar. Quiero que funcione y que este proceso no termine en nada. Todas mis energías están en que este proyecto funcione.

 

¿Qué posibilidades hay de ampliarlo hacia otros instrumentos?

Ese sería el siguiente paso, teniendo claro, específicamente, este instrumento que es un desafío súper exigente, porque son muchas piezas y, si hay alguna que está desajustada, todo el instrumento se atropella. Entonces, al resolver esto al 100 por ciento, se abre mucho el espacio para poder hacerlo con otro tipo de instrumentos.

 

¿Qué le dirías a aquellos(as) estudiantes que, al igual que tú, tienen ideas innovadoras y no se atreven a llevarlo a una escala más grande?

A mí me sirvió mucho trabajar de acuerdo con mi área de interés. Entendí que cada ramo podía servirme para desarrollar algo que me gustara. Al final, siempre trabajaba un proyecto que me hacía sentido. Lo mismo al momento de entrar al proceso de título. Por eso uno decide estudiar una carrera de este estilo. Es importante no dejar de lado la creatividad y observar siempre las cosas diferentes que pueden juntarse para hacer un nuevo diseño. En el caso del título, lo que uno logra no es un resultado final, sino un proceso pequeño y no necesariamente tiene que llegar a funcionar al 100%. Eso puede ser el comienzo de algo que se puede seguir trabajando.